sábado, 4 de agosto de 2007

Veinte minutos de fama

Capítulo II



Salvador y asesino


Era costumbre entre sus colegas jugar en las horas libres para matar el tiempo.
En las largas y agotadores noches en la clínica, mientras todo estaba en calma y en silencio, nada mejor que echar una partida de dominó, una ronda de póker, o un juego de billar con los demás médicos de turno.
Aquél día había sido particularmente agotador para Ignacio Leprouter.
A lo largo de su profesión, recordaba cada cara triste o dolorida tan bien como las felices, cuando todo iba bien y su paciente se recuperaba satisfactoriamente de sus heridas y problemas.
Pero en ese momento no estaba para pensar en su trabajo.
Por primera vez en años su turno de noche estaba libre.
Al parecer, el destino quiso que nadie se enfermara ni se accidentara esa madrugada, para que él obtuviera su merecido pasatiempo y descanso.
Se reunió con sus colegas en el piso doce del hospital. Frente al ascensor, se hallaba una puerta negra con una manilla dorada, limpia y resplandeciente. A juzgar por su limpieza, daba la impresión de que no muchas manos la habían tocado.
Y eso tenía una explicación lógica.
¿Quién iba a entrar en ese cuarto? Nadie tenía tiempo de entrar ahí, por mucho que se deseara.
El oficio pocas veces dejaba la oportunidad de ir a distraerse al doceavo piso, a su salón con puerta negra y con manilla dorada.
Un hombre de cabellos plateados y barba blanca, el más viejo de los médicos allí presentes, abrió la puerta solemnemente.
Entraron en fila india, uno a uno, con el rostro agotado y con ojeras, pero alegres de poder distraerse de sus labores y divertirse, aunque fuese por un rato.
Ignacio iba al último, y se encargó de cerrar la puerta para no molestar con el ruido a los pacientes del piso de abajo.
Durante más o menos una hora en la clínica reinó absoluto silencio.
Todos los pacientes hospitalizados dormían profundamente.
Solo una mujer mayor, gravemente herida y alojada en cuidados intensivos, despertó.
Abrió los ojos en medio de la oscuridad de su habitación, percibió el olor que tanto conocía (el de las clínicas), y apenas quiso bajarse de la cama para ir al baño, escuchó la voz de su médico tratante, un piso más arriba:
- "Dos pájaros de un tiro. Sigamos con los demás"
Volvió a dormirse, extrañada.
Pasó otra hora.
Una enfermera rondaba por los pasillos del doceavo piso.
Subió al ascensor, y antes de que las puertas metálicas de este se cerraran, vió que la puerta negra de enfrente se abría, para dar paso a cinco médicos fastidiados y cansados, y otro sonriente y animado.
- Gané, señorita Francisca, ¿qué le parece? - le dijo alegremente a la enfermera.
Sin esperar respuesta, subió al ascensor.
Ella lo miró sonriendo tímidamente
- Años que no jugaba. Pero ya ve usted, el pool no se olvida.
Y diciendo esto, le guiñó un ojo, y caminó con paso firme a su oficina..



martes, 31 de julio de 2007

Veinte minutos de fama


Capítulo I
Inicuo e inocuos
Se acercó decidido.
En su rostro no se percibía ninguna señal de misericordia ni piedad.
Sus futuros occisos estaban unidos y atemorizados, aguardando el momento en que su verdugo se decidiera a atacar.
Sabían que nunca más volverían a estar juntos; el hombre que tenían delante de ellos se encargaría de suprimirlos y separarlos para siempre.
Los observaba a distancia.
Su mirada se posó en los inertes e inexpresivos rostros de sus víctimas, y luego recorrió sus cuerpos, examinando detenidamente las marcas de sus vientres.
De pronto, en su rostro serio y solemne, se dibujó una sonrisa.
Tomó su arma con ambas manos, y apuntando con ésta a su vasallo de raza blanca, le ordenó atacar a sus hermanos de color que tenía en frente, llenos de pánico, tristeza y desesperación ante la muerte segura que estaba por venir.
El vasallo, ante la fuerza del arma que le amenazaba y le empujaba a atacar, tuvo que obedecer.
Pasaron breves segundos.
Hubo ruido, desorden, confusión.
El hombre observaba el caos y el miedo que había creado al embestir contra sus víctimas.
Los atacados intentaron huir, mas no pudieron escapar muy lejos; el cansancio que los poseía era enorme.
Agotados, miraron a su alrededor.
Dos de ellos habían muerto.
Invadidos por la pena y el odio, trataron de retomar la huída, mas fue en vano.
No podían moverse.
- "Dos pájaros de un tiro. Sigamos con los demás" - dijo el hombre.
Se acercó a su pálido servidor, y otra vez, con el poder que le otorgaba su arma, lo obligó a suprimir a una nueva víctima, de tez morena como la noche y de pequeños ojos blancos.
El vasallo obedeció de inmediato.
Atacó a su presa, rápida y silenciosamente.
Su cruel amo, aún con la sonrisa en el rostro y su arma en la mano, supervisó la tercera matanza.
Todas las desafortunadas víctimas observaron el nuevo crimen.
Y en silencio, esperaron tranquila y calladamente su hora de muerte, que no podía tardar en llegar.

viernes, 20 de julio de 2007

Crónico

Y acá estoy. Acá estamos. De vuelta en la capital. Eso es tan agradable como triste. (Me fui de viaje de estudios hace 10 días, por si acaso). Parto comentando que el cuaderno que llevaba a todos lados, desde Santiago a Arica, y viceversa, llevaba en El mis recuerdos, mis preguntas, mis reflexiones, mis alegrIas y mis frustraciones del viaje. Ojalá eso no les deje una visión del clásico "querido diario, hoy me siento feliz"
No era así. Ese cuaderno de aspecto desgastado, raquítico producto de mis incontables arranques de hojas, contenía y contiene la crónica de mi viaje. Mi crónica. Y a la vez de todos.
Pero no es una crónica que busca la perfección del relato ni el agrado de profesores de lenguaje.
Eso es otro cuento. Esta es mía. Esta es paralela a toda crónica presionada y no siempre natural. No busca un siete en ninguna libreta de notas. Busca un siete en mi experiencia de vida... busca reflejar lo mejor posible las cosas que me ocurrieron. Cosas tan normales como "Llegamos a la Recova" o "alojamos en el Park Calama". Y cosas tan personales como "quería romper la puta tele con todas sus pelIculas que no me dejaban dormir". Pido disculpas si mis relatos se tornan confunsos.
Desde ya advierto que estas narraciones que ocuparán durante un tiempo el espacio de mi blog están anacrónicamente escritas, lleno de flash-
backs, lleno de raccondos y narradores de todo tipo. Fueron 10 días increÍbles, extraños, y muy, muy largos.
Mi pequeña introducción.
Como ya dije en el post anterior, necesito contarle al mundo lo que sentí y las situaciones increíbles que viví.
Saludos a todo mi entorno del norte.



A ellos y a ellas.
Gracias por todo.

sábado, 30 de junio de 2007

Un año más, que más da

Éste día (Sábado 30 de junio de 2007) es muy importante para mí. Hace exactamente un año que se me vino a mi cabeza la idea de hacer un blog donde pudiera compartir sentimientos, reflexiones y tantas otras cosas. Hace exactamente un año que tengo esta croquera virtual, este pergamino de los pensamientos compartidos, hace exactamente un año en este mismo espacio se vió a un Principito hablando de su rosa.
Sigo un poco desconcertado de lo rápido que ha pasado el tiempo.
En ese entonces no tenía proyectado continuar con mi blog por mucho tiempo más... Pero ya ven. Sigo escribiendo.
¿Por qué? Porque me es necesario contarle al mundo
lo mucho que admiro al Pr incipito, porque me es necesario ridiculizar a Bush, porque me es necesario gritar (o escribir) a los cuatro vientos que hay un hombre sin brazos capaz de tocar la guitarra con los dedos de los pies, porque me es necesario mostrar el mundo como lo veo yo, porque me es necesario criticar mi entorno, hacer juicios de mi vida y lo que me rodea. (Ojo, no confundamos criticar necesariamente con algo negativo, ni confundamos "juicios" con "prejuicios")
Esta página marcó mi adolescencia... y puede parecer muy cursi, pero así fue. En estos 12 meses de escritos, pasaron muchas cosas en mi vida.
Este blog fue el comienzo de superación
de una depresión de dos años y medio. Significa mucho para mí, siempre estaba ahí para desahogarme. En resumen, y para terminar de mamonear y cursiar, fue mi amigo más fiel.No me queda más que agradecer a los fieles y no tan fieles lectores de esta página.
Sin ustedes este blog habría muerto
hace tiempo.

El Autor

domingo, 17 de junio de 2007

Mentías cuando me decías

Hay un tema que me da vuelta en mi cabeza siempre, y que no logro tomar una postura acerca de él.
¿Existen las mentiras blancas u oficiosas?
¿O sólo existe la verdad y la mentira, a secas?
¿Es lo mismo ocultar información que mentir?
¿Es bueno mentir para obtener una verdad?
Cito a la RAE:
Mentira: Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.
Mentira blanca u oficiosa: La que se dice con el fin de servir o agradar a alguien. ¿Son diferentes esas dos definiciones?
Mentir para obtener verdad: Fingir que se sabe algo, para hacer que lo manifieste otra persona que tiene noticia de ello.
¿Eso es bueno siempre, es malo siempre, es bueno a veces, es malo a veces, o qué es?
Una vez leí un libro que trataba de una abogada y un policía.
La abogada lo desafiaba a no mentir por 24 horas.
Ni mentiras blancas, ni oficiosas, ni éticas, ni nada.
Y podemos ver cómo el pobre policía terminó sin trabajo, separado de su mujer, etc.
Todo por decir siempre la verdad.
Por eso yo pregunto... ¿Es BUENO mentir a veces? ¿Es NECESARIO mentir a veces?
Se aceptan ayudas para resolver mis preguntas.

sábado, 9 de junio de 2007

El viejo, el niño y el burro

Venía un señor por el camino, con su hijo de diez años, y venía también un burro, que le servía al señor para cargar leña. Pero ya había vendido la leña, y además estaba cansado, de manera que se montó en el burro.

En esto se encuentran con unas gentes que venían por el mismo camino. Cuando se acercaron más, oyó que murmuraban: "¡Qué viejo tan egoísta! Va él muy montado en el burro, y el pobrecito niño a pie."

Entonces el señor se bajó del burro y le dijo al niño que se montara. Caminaron así un rato, el niño encima del burro y el papá a un lado, a pie, cuando en esto se encuentran con otras gentes.

En el momento de pasar, el señor oyó que decían: "¡Qué muchacho tan malcriado! Va él muy montado en el burro, y el pobrecito viejo a pie." Entonces el señor le dijo al niño que se bajara del burro.

Siguieron así un rato, caminando los dos un poquito detrás del burro, y en esto que se encuentran con otras gentes, y cuando ya pasaban, oyó el señor que decían: "¡Par de imbéciles! "Va el burro muy descansado, sin carga, y a ninguno se le ocurre montarse."

Entonces el señor se volvió a montar y le dijo al niño que él también se montara. Así iban, moviéndose los dos al mismo tiempo con el paso del burro, y en esto se encuentran con otras gentes, y cuando ya estaban más cerca, el señor oyó que decían: "¡Qué par de abusadores! El pobrecito burro ya no puede con la carga."

Entonces el señor se quedó pensando un rato y le dijo al niño: "¿Ya ves, hijo? No hay que hacer mucho caso de lo que diga la gente."

sábado, 2 de junio de 2007

¿Quién me ha robado el mes de abril?

¿Quién sangra por do más pecado hubiere?,
¿Quién me cambia por tul desilusión?,
¿Quién sazona el amor con alfileres?,
¿Quién me descorazona el corazón?

¿Quién quema relicarios, pilas, naves?
¿Quién alquila mujeres de alquiler?,
¿Quién ha sacado copia de la llave de los secretos de mi secreter?,

¿Quién oxida el limón de las campanas?
¿Quién se sabe perdido cuando gana?
¿Quién me ha metido el dedo en la nariz?

¿Quién roba, silva, reza, desayuna?
¿Quién planta girasoles en la luna?
¿Quién envenena las palabras?
¿Quién truca el dado del parchís?
¿Quién me asesina por la espalda?

¿Quién llora si me ve reír?
¿Quién va desnudo a la oficina?

¿Quién contamina mi jardín?
¿Quién ha inventado la rutina?

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Joaquín Sabina