domingo, 15 de junio de 2008

Nicolás

Cerrando el círculo virtuoso
de margaritas y almendros en flor,
llega otro niño celeste,
de la risa el portador.
Simple y grata es su forma
savia nueva para dar,
unas pecas en la cara
luz del mundo y sal del mar.
El menor de seis hermanos,
lo hace bien en su papel
del bandido desbocado
en que todo junto a él
de sonrisas y de chispas
pareciera que va a arder.

Felipe Montero Labbé
"Sonetos a mi Familia"
25 de diciembre de 2001

jueves, 29 de mayo de 2008

La Serena con pistolas


La Serena con pistolas

Después de una intensa y larga cabalgata por la playa de La Serena, devolvimos los agotados caballos y caminamos hacia el faro.
Pedimos unas empanadas de pino en un kioskito cercano. Empezaba a oscurecerse rápidamente, y no habíamos terminado de comer cuando ya era de noche.
Nos sentamos en las escaleras, y me dediqué a observar aquella construcción, aquél símbolo de La Serena.

Cuántas historias había escuchado yo de ese faro.
Incluso nunca tuve completa claridad de si en realidad era un faro, o si se trataba de algún bar o restaurant abandonado y desgastado.
Nunca dejó de intrigarme. De chico mis hermanos me aseguraban que había fantasmas dentro, y cómo olvidar sus historias del monstruo de siete cabezas y diez cuernos que vivía en lo alto del faro (más tarde me daría cuenta que ese monstruo del que hablaban se encontraba en el Apocalipsis, y era un dragón)
Yo siempre lo creí.
Y debo reconocer que a mis 17 años, aún me intriga ese faro. Quizás porque nunca lo he visto por dentro, quizás por el aspecto tétrico que le da la noche.
Pero lo que más me intriga es por qué es tan famoso. Personalmente no le veo ninguna gracia, ni menos motivos de admiración.
Y sin embargo, ahí estábamos sentados, contemplándolo.
Yo estaba sumido en mis pensamientos, preguntándome quizás cuánto polvo habría adentro, o algo así, cuando Felipe me habló.


- Acuérdate en dos meses más, en el viaje de estudios, que vas a estar acá mismo con todo tu curso sacándote la típica foto del faro más fome que la cresta.

Me reí. En realidad, cuántas fotos habré visto de cursos en el faro.
Y eso si que no tenía ninguna gracia.



"A la derecha se puede apreciar la ciudad de Coquimbo, y la famosa cruz del tercer milenio. En estos momentos estamos llegando a la Serena, donde almorzaremos, y alojaremos. Vamos a proceder a hacer los grupos de cada pieza, para cuando lleguemos a las cabañas..."

La fuerte voz al micrófono de nuestro guía Ricardo se imponía en el bus, despertando a muchos.
Habíamos llegado a la primera etapa del viaje de estudios, el primer paso, la primera escala.

Mientras escuchaba que compartiría pieza con mi buen amigo Agustín Moller (no por casualidad, precisamente, como aclararé algún día) y con José Antonio Larrazabal (Chantonio, para los amigos), el bus se estacionaba frente a un restaurante. Aquél sería el primer almuerzo del viaje (en ese momento, a nadie le importaba esa estadística, pero ahora es melancólica).

Fin del almuerzo, todos a la Recova.
Bastante fome, la verdad. Había estado allí tantas veces.
(Igual no resistí la tentación de comprarme algunas curiosidades y recuerditos).
Me reí cuando a mis espaldas escuché una voz femenina que no logré identificar que preguntó si eso era la Zofri, y me reí más aún cuando otra voz le contestó que no sabía.

Caminando por los alrededores junto a Mario Benjamín, observamos unos gorritos de lana negros y blancos, al estilo duende, el cuál todavía poseo (algunos autores aseguran que es de Mario Benjamín, y otros argumentan que es de Guti, pero son afirmaciones infundadas).

Cinco minutos después, todo mi grupo de amigos nos habíamos comprado aquellos inolvidables gorros que impondrían su presencia en todas las fotos.

- ¡Ohh, que buena! ¿Dónde las compraron? – escuchamos atrás nuestro.

- En un puestecito más atrás - contestó Mario Benjamín - cuestan luca, están re-buenos (Por ese entonces, aún quedaba una gota de habla argentina en Mario Benjamín).

Pero la pregunta no iba para nosotros, sino para un grupo más atrás, los autodenominados pulentos y algunos otros.
Todos ellos tenían pistolas a balines, las cuáles no demoraron en imponer moda y al rato la guerra de los disparos decía presente incluso arriba del bus, lo cuál motivó al baterista, guitarrista y cantautor Hernán Melgarejo a entonar su ya famoso plagio-composición "No a los balines, queremos la paz" para Guitarra, charango y voces.

(Ésta melodía haría furor, y sus intérpretes lograríamos presentarnos en concierto, adelante, cerca del chofer, logrando pifias y aplausos).

La guerra de los balines se extendió hasta entrada la madrugada, por los jardines de las cabañas. Los pacíficos habíamos perdido la batalla de lograr el desarme, pero no por mucho tiempo.
La Serena ya no merecía ese nombre mientras estuviera el IIºA presente.
Esa noche se escuchó más de un balín pegando en los ventanales de las piezas, mientras un cansado Pancho Maturana clamaba por la paz y el cuidado grupal.



Pero qué se le iba a hacer. Era el viaje de estudios.
Y sin esas pistolas nos habríamos perdido una de las escenas más polémicas y divertidas del viaje: el balinazo del Toto a la vieja en Iquique (situación cómica, pero que puso a Pancho en el peor de sus humores jamás conocidos, llegando a confiscar las pistolas, y amenazando con devolvernos a Santiago).

Para terminar, les dejo el tema ya mencionado, que marcaría un récord en las canciones más cantadas, más tarareadas y más pegotes del viaje. Dice así:

Estrofa 1:

No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz


Coro:
: // No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz


Estrofa 2:

No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz


Coro:

: // No a los balines, queremos la paz
No a los balines, queremos la paz.

Cabe decir que no tiene fin. Los intérpretes jamás pudieron terminar de tocar al mismo tiempo.


miércoles, 2 de abril de 2008

Group Zz

Había entrado a la sala después de un recreo asquerosamente caluroso, de esos que hacen transpirar sin ni siquiera haber tocado una pelota de fútbol.
Ya había llegado la miss inglés, la Sole (rebautizada como miss "Amm" por su constante modo de hablar, como un eterno One Minute Speaking de algún alumno del "Grup Bi")
Está claro: los celulares son mi perdición, mi vicio, mi gran batalla perdida, el reflejo de mi poca voluntad.
Estaba yo concentradamente viendo donde ponía la L morada que me llevaría a la gloria en el Tetris, cuando un terremoto sacudió mi banco, producto de una patada distraída de Guti, mi compañero de banco (Para más información sobre este personaje visite www.datosguti.blogspot.com)
- ¡Mierda Guti, controla tus pies!
- Tranqui, Monti.
Tranqui. Si no es la patada al banco, es el codazo a mi pobre brazo que intenta escribir. Chato de los repetidos sismos que destruían mi paz, me alejé tres metros a la izquierda y uno adelante, dejando atrás al solitario Gutiérrez.
El Canal Control (juego de tuberías que sólo existe en algunos celulares) también le baja décimas a mi promedio. Juego muy básico, de esos que nunca se juegan por que da lata investigar de que se trata, y el cuál descubrí gracias a Pachú, esperando un show de Kramer en Puerto Varas, lo cuál me deja pensando si la muchacha recién nombrada me hizo un bien o un mal. Algún día lo averiguaré, quizás para el primer informe de notas. Por mientras, gracias.
La soledad me hizo quedarme dormido encima de mi banco (cabe decir que eran las diez de la mañana, y que Prison Break no ayudó mucho en mi acostada temprano).
Desperté con un sonoro "Ammm... Item Wan, Exersais Chu... Nicolás, plis rid"
- Eh, miss, sorry me quedé dormido y no tengo idea qué estamos haciendo - fue mi sincera respuesta, seguida por un "Viste, si te hubieras quedado acá no te habrías dormido" de Guti.
Vino un monólogo muy latero (hay que decirlo) de que no hay que dormirse en clases porque ammm uno se pierde y despues para la ammm prueba no sabemos nada.
Volví donde Guti, guardé el celular que aún tenía en la mano y me dispuse a poner atención.
Curiosamente, pude entender la materia, Canal Control y Tetris habían perdido la guerra, por lo menos por esa clase, y las patadas y los codazos inconscientes de Guti volvían a mí, matando mi soledad y mis ganas de dormir.

jueves, 24 de enero de 2008

Algo Renombrado... Al Gore

Seré breve.
Últimamente el tema de mayor importancia en el mundo es el calentamiento global. El mundo no da para más, y eso es culpa de los humanos en un 100%.


Cuándo decimos calentamiento global, aparece de inmediato el nombre de Al Gore, el hombre que ha intentado trasmitir el mensaje de la conciencia mundial hacia nuestro planeta, líder de la gran campaña por salvar nuestro mundo.

Hay ciertas personas que se dedican a ridiculizarlo, atacarlo, y acusarlo de alarmista y oportunista, que no quiere nada más que ganar apoyo político y dinero, combinado con una buena imagen de su persona.

En general las personas que lo atacan son políticos y empresarios que se niegan a aceptar el desastre climático por razones en gran parte económicas.
"El tipo está loco" ,
"Es un sinvergüenza que quiere plata y no le importa el mundo", "Quiere una buena imagen política", etc, etc.
Mucha gente, incluyendo amigos y familiares mios, lo critican. Y está bien, es su opinión.

Pero la mía es la siguiente: Si alguien gana plata transmitiendo un mensaje tan importante como es la conciencia por nuestro mundo, que se gane los millones que quiera.

Y para los que insisten en que es un sinvergüenza:


Ojalá el mundo estuviera lleno de sinvergüenzas como él.
Grande Al Gore.



miércoles, 16 de enero de 2008

¿Y Kike?

Iquique - 2:00 AM - Hotel Pratt


Che Monti, vamos a dormir mejor, dale. No te voy a dejar así en pleno pasillo del hotel.
- Anda no más, en serio no pasa nada.



Con un acento argentino en peligro de extinción, mi buen amigo Benja intentaba calmar mi angustia y mi tristeza en vano, mientras mi sonrisa prefabricada tranquilizaba a curiosos y preocupados compañeros de curso y de viaje que se acercaban a ver qué me pasaba.
Una figura se acercaba hacia nosotros.
Me llevé la polera a los ojos y me sequé las lágrimas justo a tiempo.
El hombre barbudo que tenía adelante me pidió bajar al hall del hotel porque tenía que hablar algo muy importante y serio conmigo.
Accedí automáticamente. Mientras bajábamos las escaleras, la mirada de mi amigo me deseaba suerte.
Yo iba haciéndome la idea de recibir el reto de mi vida, aunque no tenía claro por qué debía de ser retado.
Caminó hasta una mesa y me acercó una silla. Me senté, siempre mirando al suelo, incapaz de revelar mis ojos llorosos.
Prendió un cigarro. Durante unos minutos nadie dijo nada. Comencé a entender por qué estaba ahí. No se trataba de un reto, ni de una llamada de atención.

Parecía decidido a no hablar. Yo me mantenía serio.
- Yo también he llorado por alguna señorita - dijo al fin Pancho Maturana, al tiempo que se sacaba los lentes y mataba a su cigarro.
Mostrándome desconcertado ante esa declaración, le di a entender que no era por eso que estaba triste.
- Disculpa , ¿por qué llorabas entonces, joven charanguista? - preguntó, mientras encendía un nuevo cigarro.
- No lloraba - dije decidido.
- Ah, disculpa de nuevo entonces. Me pareció que llorabas mientras dialogabas oralmente en sentido figurado con Hiriart.
- No.
Cambiemos el tema entonces... ¿Qué te pareció Iquique?



Solté las lágrimas que tenía retenidas, mientras se acercaba y me consolaba.
Fueron tres horas de intensa conversación, a plena madrugada.
En un ataque de nostalgia, me contó su infancia, su adolescencia, su juventud, su vida.
Por tres horas, me hizo olvidar mis angustias amorosas, y sumergirme en la alegría de la compañía.
El sueño nos dijo alto, pasadas las cinco de la madrugada.
Nos despedimos, sabiendo que nos veríamos en un par de horas, al desayuno.
- En el bus dormiremos... buenas noches.
- Chao Pancho, gracias.
- De nada... y si te sirve de algo: Yo también he llorado por alguna señorita.



No era la primera vez que escuchaba eso de él, pero sabía que ahora si me serviría de algo



miércoles, 9 de enero de 2008

Permiso, permiso

- Permiso, permiso.

- Agáchate, Monti, por favor.
- Pasa rápido.
- Permiso, permiso.

De nuevo atravesando el bus de lado a lado. Era como la décima vez en ese día. Y es que cuando las películas me aburren, no puedo seguir viéndolas, y mi cuerpo me exige movimiento.

Así que caminé el largo pasillo, mientras intentaba no tapar la tele en el intento y Monti, ya que vas pa adelante, diles que suban el volumen a la tele, porque están jugando cachos y no se escucha nada,
cómo que no se escucha exagerado de mierda, además tiene subtítulos, pero igual no se escucha, Monti no le digay lo del volumen, si diles porfa, y si tu estuvieras jugando no te importaría el volumen, y si tu estuvieras viendo la película estariay chato del ruido de los cachos, que no se pa que mierda los traje, si al final todos desesperados con el ruido de los famosos cachos y pa más soy el mensajero de mierda que queda como el malo que va a acusar de que el volumen está bajo.

Los primeros asientos. Adelante.
Un lugar donde nunca me había ido en un bus. Y al parecer en ese viaje tampoco iba a hacerlo; todos estaban ocupados siempre por los mismos personajes y no parecía que fueran a moverse de ahí, ni siquiera en alguno de los once días que viajaríamos.

Pancho, dicen ahí atrás que si pueden subir el volumen a la película, porque están jugando cachos al lado y no se escucha nada, no sé, plantéaselo al Pato, él es el jefe arriba del bus no yo, bla, bla, etc, etc.

El Pato. Desde que me subí al bus, un día atrás, lo había evitado, quizás inconsientemente. Sentía que había agarrado una mala onda hacia mí inexplicable y sin razón.
Mas tarde entendería por qué.
"Hola, emm atrás dicen si puede subir un poco el volumen, porque no escuchan".
No sé que me respondió, y tampoco le insistí, ya que yo no tenía ningún interés en que se subiera o se bajara el volumen.
Quizás el audio terminó siendo más alto, quizás no, no sé y tampoco me importó, yo había cumplido con mi recado, y volvía al antepenúltimo puesto, junto a la ventana, donde me senté apenas subí al bus, al principio de todo.

Quizás ser tan neutral para todo me juega en contra - pensé - como sea, nunca más de mensajero. Si quieren más volumen, que se levanten y lo pidan ellos, yo soy el encargado de administrar las películas, no de la relación de comunidad en el bus.

Al lado, un intrigado Benjamín Hiriart miraba atentamente la pantalla.
Y un cansado Nicolás Montero sacaba un libro, leía dos páginas, y se dormía profundamente con la cara pegada a la fría ventana, mientras una no muy agradable voz aguda seguía discutiendo algo así como "no se escucha" y "paren un rato con los cachos", mientras un ruido de dados golpeaba con fuerza tanto la mesa de juegos como la convivencia y la paciencia de algunos viajeros.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Caminaban despacio y tranquilamente por la vereda


Iba muy rápido montado en su bicicleta calle abajo.
Pasó junto a un hombre y por poco lo atropella, pero el peatón se movió a tiempo, le grito un par de insultos, y el despistado ciclista siguió sin enterarse. El enemigo viajaba con él en su muñeca izquierda, y avanzaba imparable y cruelmente, la verdad es que iba rajado en la bici, con un vuelo increíble, estaba atrasado y faltaban cinco minutos para las ocho, creo que casi atropello a un gallo, ni me di cuenta, la verdad, pero por algo me habrá gritado así, el tipo venía echo un loco en su bicicleta, me tuve que correr para que no me atropellara, le solté un par de garabatos, se veía que estaba atrasado, en todo caso.
Dobló en la esquina y pasó con el semáforo en rojo al otro lado de la calle. Sólo un bocinazo le hizo darse cuenta de su infracción, pedaleó fuerte y evitó ser topado por una camioneta que se disponía a virar, y creo que estoy siendo muy imprudente, o no se si será de pavo pero creo que crucé con roja, por algo esa camioneta casi me atropella, menos mal que atiné y piqué, porque sino me voy derecho a la clínica, y ese otro que toca bocina si ya pasó, pero obvio, el típico conductor al estilo gringo que mete bocinazo bien fuerte para llamar la atención, porque el pendejo cree que puede llegar y cruzar con roja, pero si no se dio cuenta no seas tan drástico, que drástico ni que nada, mujer, lo pude haber matado, si llega y pasa de esa manera y si no fuera por la bocina ni se da habría dado cuenta del ruido que haces con tu bocina que la tocas siempre por cualquier cosa.
El viento le golpeaba fuerte la cara y le alborotaba el pelo. Pedaleaba sostenidamente, procurando mantener el ritmo y la fuerza. La cuesta se había acabado y la calle era ahora plana y ahora si que llego tarde, se acabo la bajada y el vuelo, y tengo que pedalear y ya estoy atrasado en dos minutos, y más encima esta rotonda que es imposible de atravesar porque pasan autos infinitamente, y yo acá parado esperando una oportunidad para cruzar, me va a tomar unos buenos minutos, por qué será que no salgo antes de mi casa, siempre me pasa lo mismo, y si no llega vamos a tener que jugar con uno menos, ¿por qué nunca llega a la hora?, si se viene en bicicleta con mayor razón tiene que programar sus tiempos, si es que llega, va a llegar muerto de cansancio y voy a jugar pésimo con lo cansado que estoy de pedalear, como estará de enojado mi equipo siendo que no llego nunca a la hora.
Atravesó una rotonda, luego de esperar un buen tiempo a que no viniera ningún auto, y se dispuso nuevamente a pedalear, mirando una y otra vez su reloj, solo para comprobar que estaba cada vez mas y mas atrasado. “No tengo más alternativa que seguir pedaleando, así que nada más importa ahora".
Sabía que faltaba poco para llegar, y eso lo tranquilizó bastante. A lo lejos, caminando en sentido contrario, venía una pareja de ancianos a paso de bastón, disfrutando de una plácida tarde de domingo. El apurado ciclista pasó junto a ellos a una velocidad impresionante, sin dejar de notar la cara de asombro del viejo, al tiempo que veía que la anciana murmuraba algo. Los dejó atrás rápidamente. Sentía alegría al saber que estaba por llegar a su compromiso futbolístico, pero no dejaba de pensar en los ancianos que acababa de pasar. Seguramente esa vieja estaría comentándole a su marido lo imprudente y descarriada que está la juventud de hoy en día, en fin, que me importa viejos conservadores, si supieran que voy atrasadísimo no me enjuiciarían tanto por la velocidad a la que los pasé, imagínate, Gregorio, andar en bicicleta a esa velocidad, qué ganas de ser joven de nuevo para hacer todas esas locuras que hacen los cabros de hoy, ¿no te parece?, sí, m’hita, es verdad, estos chiquillos tienen toda la vida por delante, y que me importa lo que estén diciendo de mí esos viejos, total, llegué, y me van a echar la foca de que llego tarde siempre y bueno tendré que aguantarla no más, total es su culpa y tendrá que aguantar la foca que le vamos a tirar. En serio, mi amor, casi me atropella un ciclista que venía rajado calle abajo, al parecer iba atrasado, pero igual casi me mata, me tuve que correr justo, y tu siempre dale que dale a la famosa bocina, si era un cabro distraído que atravesó con roja no más, que tanta cuestión, ustedes también llegan tarde a veces, además soy el que más lejos vive, igual tiene razón, pero si casi lo atropello, como no le iba a tocar la bocina, fue por su bien y el mío, no tienes idea lo que molesta a la gente los bocinazos, y tus exageraciones, te apuesto que ni siquiera iba tan rápido el de la bicicleta, y si, m’hita, nada como la juventud y sus locuras.
Caminaban despacio y tranquilamente por la vereda, a paso de bastón.