miércoles, 7 de septiembre de 2011

Santiago Crónico: el antes.hoy de una ciudad

Este sitio pretende hacer un paralelo entre la importante labor que realizaron los cronistas de principio de siglo al retratar Santiago, y los textos que, abordando la misma temática, realiza décadas después un grupo de jóvenes escritores. Nuestra ciudad, naturalmente, ha cambiado, no es la misma, y si Joaquín Edwards Bello escribió alguna vez que la Estación Central fue "un barrio sórdido, desabastecido, de calles polvorientas en verano, cenagosas en invierno; cubiertas constantemente de harapos, desperdicios de comida, chancletas y ratas podridas”, lo esencial para las pretensiones de Santiago.Crónico es hacerse cargo de sus palabras, reconstruirlas como templo en ruinas y proclamarse dueño del antes.hoy de ésta, nuestra ciudad.


Primeras Crónicas: Domingo 11 de Septiembre
 http://www.santiagocronico.cl/
Fondos Concursables UDP

miércoles, 20 de octubre de 2010

¿Nos lleva?

Enero de 2006. Caminábamos a pleno sol y a kilómetros de la cabaña donde pasábamos el veraneo. La ansiedad por llegar nos hizo acercarnos a un matrimonio mayor que estaba subiendo a su auto para pedirles si nos podían llevar, pues al parecer iban hacia la misma dirección que nosotros.
- ¿Están locos? - nos dijo la encantadora señora. - Váyanse caminando, no estamos para andar llevando chiquillos a dedo. Qué se han creído mocosos, como si una fuera taxi, o el padre Hurtado como para estar resolviéndole los problemas a unos cabros imberbes".
Y mientras se subía al auto (y antes de cerrarnos la puerta en la cara) pudimos escuchar que le decía a su marido: - "Vamos, mi amor, o llegaremos tarde a la santa misa del Señor"

lunes, 12 de julio de 2010

Relatos de una pasión

Hace demasiado tiempo que el Nico no me mira. No me toca. No se me acerca, ni parece tener intención alguna de volver a tenerme entre sus brazos otra vez. Y sin embargo sé que aún me quiere, sé que no puede vivir sin mí. Quizás debiera esperarlo. Cuando no pueda más acudirá a mí para desahogar sus penas, como siempre lo ha hecho, como desde la primera vez que estuvimos juntos. Y mi misión es estar ahí para cuando se de cuenta que me sigue amando. No guardo rencores, en todo caso. Otras veces yo tampoco he estado disponible para él, como la vez que me ausenté varias semanas cuando viajé con su hermano a Perú, o aquella cuando me fui con su primo a ganar algo de plata a Costa Rica. El Nico no puso problemas nunca, jamás ha sido celoso, pero estoy segura que lo dejaba con un vacío enorme cada vez que yo partía sin él. Siempre me decía que algún día nos iríamos a conocer el mundo, los dos solos. Creo que he empezado a conocer el mundo sin él, y eso me entristece, y a él también, aunque no lo diga. De todas formas, algo le pasa conmigo. Puede ser que se haya aburrido, que ya no sienta la misma atracción. Me da miedo pensarlo. Las cosas no pueden haber cambiado tanto. Todas las noches, sin excepción, nos sumíamos en el más profundo de los amoríos, me poseía como nunca antes nadie lo había hecho, me tocaba sin limitaciones, mientras yo exclamaba ruidosamente los sentimientos del momento, hasta que desde algún lugar de la casa nos gritaban que nos calláramos, que había gente durmiendo y que nos fuéramos a otra parte. Y claro que nos íbamos. Nos cambiábamos de pieza cada vez que alguien censuraba nuestra pasión. Incluso fueron varias las veces en que salimos a la plaza cuando nos era imposible amarnos dentro de su hogar. Pero eso ya parece un pasado lejano. Y en realidad solo han pasado semanas, quizás meses. Lo echo de menos, y sé que el también a mi. La echo de menos, pero no he tenido el tiempo para estar juntos. Cada vez que la veo me tiento de pasar todo el día y toda la noche con ella, hasta que el ruido (ruido para algunos, puro amor para nosotros) haga que los vecinos nos insulten y terminen por separarnos de la aventura. No la he dejado de querer, eso jamás. No puedo vivir sin ella, y sin embargo, este mundo, el estudio, los trabajos y demases obligaciones me han quitado el preciado tiempo que tenía destinado para estar juntos, para mirarla, para escucharla, para tocarla, para deslumbrarme con su silueta femenina y su voz armoniosa. Pero basta de lamentos, brindemos, es el momento. Mañana salgo de vacaciones. Volveré a ti, mi compañera de momentos, compañera de fracasos y de algunas alegrías. Volveré a ti, mi queridísima guitarra.

martes, 25 de mayo de 2010

Vida universitaria en 100 palabras

"Universidad en 500 pesos"
Completamente amargado terminé de completar la prueba y salí al patio hecho un completo desastre a tratar de complementar mis respuestas con las de los demás. Me di cuenta que fui un completo ignorante al argumentar completamente mal la última pregunta. Prendí un cigarro, me lo fumé completo y traté de calmar mi completa frustración. Después de todo, al fin había completado mi día viernes y ya nada me impedía cruzar la calle para comerme, completamente libre de estrés, un completo en el primer local que encontrara.

jueves, 8 de abril de 2010

Breve reseña de un mundo mal acostumbrado

Hitler: Todo listo entonces, demos el anuncio.
Mussolini: (dudando) ¿Estás seguro de la opinión de los medios de comunicación?
Hitler: (confiado y risueño) Segurísimo, el mundo es manipulable.
Mussolini: (más tranquilo) Entonces haga el anuncio nomás, compañero.
Hitler: (a los medios de prensa internacionales) Hemos decidido con el compañero Benito aniquilar a un millón de judíos y a un dentista esta semana.
Prensa internacional: (sorprendida y confusa) ¿Y por qué a un dentista?
Hitler: (susurrando a Mussolini) ¿Ves? Te dije que nadie preguntaría por el millón de judíos.

jueves, 25 de marzo de 2010

Se querían querer

Ellos se querían querer. Tanto ella como él intentaron estar juntos. Probaron, se declararon afecto, (uno más que el otro), pero aún así se declararon afecto. Trataron, se juntaron, se llamaron, conversaron, pero jamás se besaron. Algo pasaba, algo que superaba el cariño mutuo y las ganas de estar juntos. 
Se querían querer... 
... pero no podían poder.  

lunes, 21 de diciembre de 2009

Últimas palabras

Escribir bajo presión no resulta demasiado agradable, ya sea porque la fecha límite para mandar un cuento a un concurso está llegando a su fin, o porque hay que terminar de redactar un informe para mañana sin falta. Pero escribir a punta de pistola es otra cosa. Ahora mismo estoy a segundos de dejar este mundo porque en cualquier momento mi secuestrador me disparará. - ¿Cuál es tu último deseo? - me preguntó hace unos diez minutos, y yo le respondí que era un computador para redactar algo antes de morirme. Obviamente accedió, pueden comprobarlo al leer esto, y yo estoy aquí narrando lo inenarrable, algo sin pies ni cabezas, porque no dispongo del tiempo necesario para elaborar algo con sentido. Me dió dos minutos para cumplir mi deseo. Había pensado pedirle un cigarro, pero se cumpliría lo que nunca he creído: que el cigarro mata. Por ende si me lo fumaba me moriría acto seguido al terminármelo y aceptaría dicha hipótesis. Eso jamás. De cualquier forma, pese a mi desesperante tranquilidad, no puedo dejar de mirar hacia el lado, presionado por su arma homicida que me hará desaparecer físicamente en breves momentos. Y claro, tiene razón al querer deshacerse de mi porque si me deja libre se condena: sé su nombre y he visto su cara. Su única esperanza es el asesinato, y lo entiendo, no puedo decirle que me deje ir y jurarle que nunca lo denunciaré, por una parte porque sería un juramento falso (yo jamás he faltado a un juramento) y por otra porque aunque fuera cierto jamás me creería (a un viejo malhumorado y con cara de pocos amigos, al estilo Clint Eastwood) y haría bien en no creerme. Parecería una buena idea, pero no sirve de nada que deje en este legado escrito información referente a él, sería una pérdida del valioso tiempo que dispongo porque va a leer esto justo después de matarme, y si ve algo comprometedor con su identidad lo borrará de inmediato. Como sea, le tengo lástima, no sacó ni un peso con mi secuestro porque jamás lo dejé contactarse con mis cercanos a pesar de sus amenazas (nunca le he temido a la muerte bajo ninguna circunstancia). Con esto he comprobado que no soy capaz de escribir nada serio ni profundo, ni siquiera a segundos de morir. Siempre escribiendo estupideces, lo primero que se me viene a la cabeza. Podría estar despidiéndome de todos mis seres queridos de manera emotiva y hasta heroica, decirles que en estos siete meses sólo he pensando en ellos y que siempre estuve bien, metido en una habitación de cinco por cinco, pero bien. Decirles que no lloren por mí, que fuí lo bastante feliz en mi existencia como para que derramen una lágrima por este viejo que ya no tiene nada más que perder ni menos que ganar. Podría expresar todo eso, pero no. Siempre la maldita manía de escribir a la ligera propia de este anciano que en toda la vida jamás pudo elaborar un escrito serio. Qué más da, acaba de mover su pistola, le sacó el seguro, se me acabó el tiempo, y todo se paga... va a dispararme, puso el dedo en el gatillo. Espero alcanz