martes, 25 de mayo de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
Breve reseña de un mundo mal acostumbrado
publicado por Nicolás Montero a las 9:05 p. m. 7 comentarios - Opine aquí.
jueves, 25 de marzo de 2010
Se querían querer
publicado por Nicolás Montero a las 10:31 p. m. 5 comentarios - Opine aquí.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Últimas palabras
Escribir bajo presión no resulta demasiado agradable, ya sea porque la fecha límite para mandar un cuento a un concurso está llegando a su fin, o porque hay que terminar de redactar un informe para mañana sin falta. Pero escribir a punta de pistola es otra cosa. Ahora mismo estoy a segundos de dejar este mundo porque en cualquier momento mi secuestrador me disparará. - ¿Cuál es tu último deseo? - me preguntó hace unos diez minutos, y yo le respondí que era un computador para redactar algo antes de morirme. Obviamente accedió, pueden comprobarlo al leer esto, y yo estoy aquí narrando lo inenarrable, algo sin pies ni cabezas, porque no dispongo del tiempo necesario para elaborar algo con sentido. Me dió dos minutos para cumplir mi deseo. Había pensado pedirle un cigarro, pero se cumpliría lo que nunca he creído: que el cigarro mata. Por ende si me lo fumaba me moriría acto seguido al terminármelo y aceptaría dicha hipótesis. Eso jamás. De cualquier forma, pese a mi desesperante tranquilidad, no puedo dejar de mirar hacia el lado, presionado por su arma homicida que me hará desaparecer físicamente en breves momentos. Y claro, tiene razón al querer deshacerse de mi porque si me deja libre se condena: sé su nombre y he visto su cara. Su única esperanza es el asesinato, y lo entiendo, no puedo decirle que me deje ir y jurarle que nunca lo denunciaré, por una parte porque sería un juramento falso (yo jamás he faltado a un juramento) y por otra porque aunque fuera cierto jamás me creería (a un viejo malhumorado y con cara de pocos amigos, al estilo Clint Eastwood) y haría bien en no creerme. Parecería una buena idea, pero no sirve de nada que deje en este legado escrito información referente a él, sería una pérdida del valioso tiempo que dispongo porque va a leer esto justo después de matarme, y si ve algo comprometedor con su identidad lo borrará de inmediato. Como sea, le tengo lástima, no sacó ni un peso con mi secuestro porque jamás lo dejé contactarse con mis cercanos a pesar de sus amenazas (nunca le he temido a la muerte bajo ninguna circunstancia). Con esto he comprobado que no soy capaz de escribir nada serio ni profundo, ni siquiera a segundos de morir. Siempre escribiendo estupideces, lo primero que se me viene a la cabeza. Podría estar despidiéndome de todos mis seres queridos de manera emotiva y hasta heroica, decirles que en estos siete meses sólo he pensando en ellos y que siempre estuve bien, metido en una habitación de cinco por cinco, pero bien. Decirles que no lloren por mí, que fuí lo bastante feliz en mi existencia como para que derramen una lágrima por este viejo que ya no tiene nada más que perder ni menos que ganar. Podría expresar todo eso, pero no. Siempre la maldita manía de escribir a la ligera propia de este anciano que en toda la vida jamás pudo elaborar un escrito serio. Qué más da, acaba de mover su pistola, le sacó el seguro, se me acabó el tiempo, y todo se paga... va a dispararme, puso el dedo en el gatillo. Espero alcanz
publicado por Nicolás Montero a las 11:13 a. m. 11 comentarios - Opine aquí.
martes, 15 de diciembre de 2009
¡Esa es la mía!
Deben haber habido unas quince o veinte, todas realmente insinuantes. Entre las que más me atraían estaba la morena (bastante bronceada), y la pálida por ser la más grande de todas (aunque de apariencia fría como el hielo, pero de esas que uno se da cuenta que con el tiempo se ablandan y se transforman en las preferidas por todos). Me costó decidir cuál prefería más, pero al fin opté por mi blanquita (me llevaría más tiempo, pero me pareció que era la adecuada). Me paré a su lado sin dejar de observarla, mientras algunos individuos la miraban con cara de querer apropiarse de ella. Dije en voz alta que me pertenecía, que nadie se atreviera a ponerle un dedo encima porque era mía, yo la había escogido de entre todas y ya llevaba mucho rato esperando que su corazón se ablandara como para que otro osara entrometerse entre nosotros. Las otras parecían listas, dispuestas a entregarse al primero que intentase acapararla, radiantes con sus quemados en tono fascinante. Yo la esperaba ansioso, mientras sus amigas iban desapareciendo, cada cual entregada a las bocas de sus respectivos hombres. Después de mucho rato mi blanquita decidió entregárseme, ya estaba lista... aunque de blanquita ya no le quedaba nada. Estaba como las otras, en tono café y causaba sensación ya que era la última de todas, la única que no tenía pareja y, por lo demás, la más deseable. Mientras tres o cuatro tipos se arrimaban hacia ella intentando robármela, sigilosa pero rápidamente la tomé y me la llevé a un lugar seguro, lejos de los ladrones y oportunistas. Por fin la tenía, era mía. Justo cuando la estaba admirando y ya sentía ganas de tirármele encima, se acercó un sujeto a interrumpir mi momento de gloria. Me preguntó dónde había conseguido una como ella. Le dije que no quedaban, se las habían llevado a todas. Al verlo irse decepcionado, me di cuenta que ella le pertenecía porque la deseaba más, al parecer yo no tenía tantas ganas de poseerla como el tipo que me estaba interrogando. Decidí cedérsela, a pesar de todo lo que tuve que esperar para tenerla. Lo llamé y le dije que era suya, que podía quedársela, que yo ya no la quería. Se puso feliz, me dio las gracias y se fué contento a entablar conversación a otro lado. Total, no me costaba nada ir y poner a descongelar otra salchicha a la parrilla.
publicado por Nicolás Montero a las 3:44 p. m. 6 comentarios - Opine aquí.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Se hace más corto el camino aquél
publicado por Nicolás Montero a las 4:22 p. m. 2 comentarios - Opine aquí.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Consejos prácticos para después de la PSU
publicado por Nicolás Montero a las 7:41 p. m. 3 comentarios - Opine aquí.